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LA HISTORIA DEL JUDO (I)

Extracto del libro «Manual del Judoka» de Luis Vilar Sancho

             Cuenta la leyenda que un monje miraba caer la nieve cuando observó que los árboles de ramas más robustas, cargadas con el peso de los copos que se acumulaban sobre ellas, se rompían, mientras las flexibles cañas se doblaban una y otra vez, descargándose del peso para volver a su erecta posición.
  Esta leyenda es la versión oriental de algo que también relatan Esopo y La Fontaine por ejemplo, pero lo cierto al menos es, que en esta idea se basan los principios del ju-jutsu,  jiu-jitsu o ju-jitsu que son las tres formas de escribir, el nombre del ancestro del judo. La palabra aparece por primera vez en un escrito japonés 500 años antes de Cristo pero sin precisión ni detalles.
 En síntesis, la leyenda es cierta, pero no tan antigua como se piensa y en realidad no se trataba de un monje sino del médico Shirobei Akiyama que meditando sobre este fenómeno fundó en 1.690 su escuela de ju-jiutsu que denominó “Yo-shinryu” (escuela del espíritu de la caña) y que gozó del favor de los samuráis durante mucho tiempo.
 Algunos historiadores fijan en el año 230 a.d.J.C. los comienzos o primeras noticias del antiguo jiu-jitsu. De hecho, se tiene constancia de que en aquella fecha se celebró un combate entre dos famosos luchadores delante del Emperador Suinin, donde las técnicas empleadas podrían ser las de un primitivo jiu-jitsu, pero no conviene exagerar; el combate finalizó con la muerte de uno de los combatientes producida por una patada de su adversario, y en realidad no demuestra más que la lucha es tan antigua como el hombre.
 El verdadero jiu-jitsu no data más que de finales del siglo XVII y vino a consecuencia del régimen feudal imperante en el Japón que entre otras cosas prohibía portar armas a los no nobles ni guerreros. Y es a principios del siglo XVIII cuando este arte se precisa. Los samuráis lo adoptaron como un arte marcial llamado Kyudo, Kendo, Shuriken, etc.

J.Kano con 8 años

El régimen feudal japonés, semejante al de nuestra Edad Media, se sostuvo en aquellas islas hasta bien entrado el siglo XIX. El Emperador reinaba con la ayuda del “shogun” sobre un país dividido en principados en los que reinaba un “daimo” que ejercía el poder casi absoluto aún cuando debía sumisión al Emperador y al Shogun. Naturalmente, cada Daimo pretendía imponer su voluntad y eran más que frecuentes los conflictos con sus vasallos, con los daimios vecinos o con el Shogun. Para hacer frente a estos conflictos, existían ejércitos de donde los samuráis, mercenarios y semicaballeros, constituían la élite.
 Las luchas eran violentas y sanguinarias. El terrible sable de los samuráis cortaba a veces de un solo golpe, cabezas enemigas sin remordimiento ni piedad. Las flechas silbaban en el aire buscando con certera puntería los pechos enemigos. Con frecuencia el combate se continuaba sin armas no mermándose con ello su brutal virulencia; la lucha seguía siendo a muerte aún con las manos desnudas.
 Las eficaces técnicas de combate se guardaban en secreto y de esta manera cada escuela de samuráis acababa por tener un registro de métodos y formas que se transmitían oral y confidencialmente.

Jigoro Kano

 Pero en 1.867 llegó para los japoneses la era Meiji o del gobierno iluminado. Constituye una apertura a occidente. Los principados fueron sustituidos por prefecturas al estilo occidental, al tiempo que se abolían las castas y, con todo ello desaparece la función del samurai. Diez años más tarde se prohíbe portar armas y la práctica de deportes de combate, desapareciendo con ello los escasos medios de subsistencia de los samuráis que se resumían a la enseñanza de las artes marciales. El ju-jiutsu no puede más que practicarse en la clandestinidad.

Por aquel entonces, un hombre nacido en Mikague, es admitido en la Universidad Iperial de Tokio, para estudiar Ciencias Políticas, quería ser un hombre de estado, y se llamaba Jigoro Kano, su estatura era de 1,55 y su musculatura tan escasa que jamás hubiera ganado un combate.
Continuará…….

Oreja de coliflor.

Se produce por continuas lesiones, o un fuerte trauma en la oreja. Se trata de un hematoma, que al producirse en la parte blanda y externa de la oreja, se queda de forma residual. El líquido acumulado separa la piel de la oreja y el cartílago, y este al quedarse privado del suministro sanguíneo de los capilares de la piel es incapaz de regenerarse y se deforma.

Los Judokas, luxadores, boxeadores y jugadores de rugby, son los deportistas más susceptibles de sufrir esta lesión.

El primer tratamiento es aplicar frio y compresión. En caso de que no desaparezca en 24h, hay que acudir al especialista para que la drene y quitar el hinchazón. Si se actua rápido se minimizan los efectos, de lo contrario se quedan de forma permanente

Los cimientos de tu Judo

Articulo judo y pie

 

Los cimientos son esa parte de la estructura que, enterrada en el suelo, sostiene toda la construcción. Y en nuestro caso, los cimientos son nuestros pies. Si hablamos de Tachi Waza (Judo pie) son el único punto de contacto con el tatami y sostienen todo nuestro peso. Tienen una gran responsabilidad, pero ¿los tratamos acorde a esa responsabilidad?
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¿Alguna vez os habéis fijado detenidamente en vuestros pies? Supongo que sí. Pero, ¿se parecen en algo a los pies de la Figura 1? Obviamente no se parecen, primero porque habrán crecido un poco (espero), la piel se habrá endurecido, etc. Y sobre todo no se parecen en nada en su estructura, esos dedos separados, independientes y bien alineados. Y es que toda una vida encerrados en un calzado que, en muchas ocasiones, supone una autentica cárcel para nuestro pie modifica sustancialmente su estructura.

Si analizamos la anatomía del pie nos encontraremos multitud de pequeños huesecillos, innumerables ligamentos interóseos, pequeñas lentejitas llamadas huesos sesamoideos, etc. Estamos ante una estructura verdaderamente compleja. Nos gustaría resaltar principalmente dos cosas: La bóveda plantar y los dedos.

Bóveda plantar

Si observamos la bóveda plantar nos encontraremos varias estructuras similares a un arco de medio punto. Apreciamos principalmente tres arcos, que formarán un triángulo, cuyos vértices son: el 1º metatarsiano (base del dedo gordo), 5º metatarsiano (base del meñique) y calcáneo (talón). Y en la cima de todos estos arcos, el astrágalo, encima del cual reposa todo el peso del cuerpo. El astrágalo es el encargado de distribuir el peso del cuerpo entre estos tres puntos de apoyo.
Llegados a este punto no es difícil darse cuenta de que toda la estabilidad del miembro inferior (y por ende, de todo el cuerpo) puede verse claramente comprometida si uno de estos arcos falla, pues todo nuestro peso reposa sobre ellos.
Nombraremos solo dos músculos como principales estabilizadores de la bóveda plantar (situados en la Figura 2): (1)Tibial posterior y (4)abductor del dedo gordo. Este ultimo, el abductor del dedo gordo, forma un verdadero tensor que mantiene el arco interno, y ademas separa el dedo gordo de los demás (de ahí la importancia de dotar a los dedos de movilidad, como veremos un poco mas abajo).

Dedos de los pies

En los dedos de los pies encontraremos dos unidades funcionales independientes, el 1º dedo (dedo gordo) por un lado y los 4 restantes por otro lado. Si nos fijamos, de nuevo, en la anatomía del pie nos daremos cuenta de que 2º, 3º, 4º y 5º dedo comparten músculos (extrínsecos) flexoextensores y por tanto sus movimientos independientes van a estar muy limitados, cuando no impedidos por completo.
Un aspecto importante a cuidar es que esta independencia entre los dos grupos funcionales se mantenga, y en concreto que el dedo gordo goce de total libertad de movimiento, en especial la abducción (separar el dedo gordo de los demás), por sus implicaciones en el mantenimiento del arco interno del pie.
Si extendemos el concepto Joint-by-joint (Gray Cook, Mike Boyle) al pie nos encontramos que la movilidad del dedo gordo puede condicionar la estabilidad de toda la bóveda plantar, y tal y como hemos relacionado antes, la estabilidad de todo el miembro inferior.

Y de Judo, ¿cuando hablamos?

Vale, la clase de anatomía esta genial, y si habéis llegado hasta aquí con todos los pelos en la cabeza os estaréis preguntando: ¿Y esto que demonios tiene que ver con el Judo?. Pues mucho.
Todos hacemos nuestra vida diaria calzados, y de las 16h que estamos activos, muy probablemente 14 o 15 las vivamos calzados, y tan solo ese paréntesis que supone entrenar lo hacemos descalzos. Va a resultar francamente difícil que después de 12h calzados lleguemos al gimnasio y nuestro pie sea capaz de rendir correctamente estando descalzo. A fin de cuentas le hemos quitado la protección artificial a la que está adaptado.
Nuestro deporte incluye movimientos con apoyo de una sola pierna, donde la estabilidad de la bóveda plantar va a ser crucial para que logremos ese Uchi Mata de Ippon. El correcto reparto de pesos entre los tres vértices de la bóveda plantar va a ser clave a la hora de mantenernos estables en el tai sabaki. Y sobre todo: El pie es lo único que nos une al tatami y desde donde se van a generar casi todas las fuerzas para poder realizar los gestos de nuestro deporte. Son los cimientos de nuestro Judo.
La buena noticia es que los efectos negativos del calzado sobre la funcionalidad de nuestros pies pueden mitigarse. En un par de minutos podemos acondicionar nuestros pies para una sesión de entrenamiento. Y si, además, seguimos unas pautas para cuidar nuestro pie, mejor aún. Con una pelota de tenis o similar tenemos suficiente.
En casa intentaremos estar el mayor tiempo posible descalzos y jugaremos con los dedos de los pies siempre que podamos, como si fuéramos un bebe manoseando sus pies. Un trabajo interesante es el de aprender a coger objetos con los dedos de los pies. Y sobre todo, elegir un calzado que respete la función del pie, que no oprima, que no lleve tacones elevados, etc.
Antes del entrenamiento, masajea la planta del pie con una pelota de tenis y realizr unas cuantas repeticiones de los ejercicios Short Foot y Toe Spread. Conforme vayamos asimilando el Short Foot lo iremos integrando en nuestro Judo, de forma que, cuando realicemos cualquier gesto (especialmente si es sobre un solo apoyo), el pie este correctamente activado y estable.
Hemos hablado del Tachi Waza (Judo pie), en otros artículos hablaremos del Ne Waza (Judo suelo).

Auto-liberación miofascial de la fascia plantar: Con una pelota de tenis o similar masajearemos toda la planta del pie
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Toe Spread: Consiste básicamente en abrir los dedos de los pies. Evitaremos todo lo que podamos que ocurran movimientos no deseados, como que los dedos se levanten del suelo.
Short Foot: Literalmente “pie corto“. El ejercicio trata de elevar la bóveda plantar. Es importante que los puntos de contacto del pie se respeten, recuerda que el punto de contacto es la base del 1º y 5º metatarsiano, no el 1º y 5º dedo. Los dedos no deben hacer fuerza contra el suelo.
Una vez dominemos estos ejercicios seria conveniente integrarlos progresivamente en los gestos propios de nuestro deporte. Siempre de menor a mayor complejidad y de menor a mayor intensidad, comenzando por movimientos analíticos y progresando hacia movimientos mas globales.
PD: Queremos mostrar nuestro agradecimiento a Jochen Kohl, el autor de la fotografía de la portada, por su amabilidad al permitirnos utilizarla y por haber hecho un gran trabajo fotográfico. Os invitamos a visitar su pagina web y conocer un poco mas su trabajo: http://kohlphotography.de/

Bibliografía y referencias:

– Kapandji, AI. Fisiologia Articular 5º Edicion, tomo 2: Miembro Inferior. Ed. Panamericana.
– Christian Álvarez Camarena, Walterio Palma Villegas. Desarrollo y biomecánica del arco plantar. Ortho-tips Vol. 6 No. 4 2010
– Programa formativo Zeebra Academy®

CEO Movement Studio®. Formador en Zeebra Academy. Entrenador Personal NSCA-CPT. Técnico Deportivo de Judo y D.P. Técnico en fitness con atención a la discapacidad y movilidad reducida

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